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jueves, 21 de julio de 2011

Ezequiel Tadeo Los hombres Grises



.-Al principio apenas se nota nada. Un día, ya no se tiene ganas de hacer nada. Nada le interesa a uno, se aburre. Y esa desgana no desaparece, sino que aumenta lentamente.
.-Se hace peor de día en día, de semana en semana. Uno se siente cada vez más descontento, más vacío, más insatisfecho con uno mismo y con el mundo. Después desaparece incluso este sentimiento y ya no se siente nada.
.-Uno se vuelve totalmente indiferente y gris, todo el mundo parece extraño y ya no Importa nada.
.-No hay ira ni entusiasmo, uno ya no puede alegrarse ni entristecerse, se olvida de reir y llorar.
.-Entonces se ha hecho el frío dentro de uno y ya no se puede querer a nadie.

.-Cuando se ha llegado a este punto, la enfermedad es incurable. Ya no hay retorno. Se corre de un lado a otro con la cara vacía, gris, y se ha vuelto uno igual que los propios hombres grises. Se es uno de ellos. Esta enfermedad se llama aburrimiento mental.
Momo.(Michael Ende)

En el espejo había ahora la siguiente suma:
sueño                          441 504 000 segundos
trabajo                        441 504 000 segundos
alimentación                 110 376 000 segundos              
madre                           55 188 000 segundos
periquito                        13 797 000 segundos
compra, etc.                  55 188 000 segundos
amigos, orfeón, etc        165 564 000 segundos
secreto                         27 594 000 segundos
ventana                        13 797 000 segundos
total                         1 324 512 000 segundos

–Esta suma –dijo el hombre gris[…]—, esta suma es, pues, el tiempo que ha perdido hasta ahora, señor Fusi
–[…]ahora vamos a ver qué le ha quedado de sus cuarenta y dos años. Un año son treinta y un millones quinientos treinta y seis mil segundos, como sabe. y eso, multiplicado por cuarenta y dos da mil trescientos veinticuatro millones quinientos doce mil. Escribió esa cifra debajo del tiempo perdido:
  1 324 512 000 segundos
–1 324 512 000 segundos
  0 000 000 000 segundos
[…]–Éste es, pues –pensaba el señor Fusi, anonadado, –el balance de toda mi vida hasta ahora